11 marzo 2006

De éste y otros mundos

Los procesos de aprendizaje están compuestos por entramados enlazados con desvíos forzados por inevitables errores. Dicen que se avanza más reflexionando sobre un error que analizando un acierto. En cualquier caso, la experiencia perjudica la tersura de la piel. La precaución y la insensibilidad crecen con cada marca y arañazo que deforma la inocencia de la percepción.

Ahora que comprendo con más nitidez la blogosfera, cuando la profundidad de los cortes infligidos ha sanado formando caprichosas cicatrices, pienso en las palabras que me han traído hasta aquí. Reviso los golpes, las risas, las emociones, los recuerdos, la tristeza, el dolor, la incomprensión, la ira, la impotencia, el desengaño... Y adivino un exilir, mezcla de inocencia y avidez, potenciando la intensidad de todos ellos.

La desconfianza implícita en la realidad también contamina las impersonales relaciones que enlazan a los autores de blog. Las apariencias muestran personajes deformados, extraños compendios de palabras equívocas que asumimos como personas.

Ninguno de los que me ha leído se hacía una idea de cómo soy fuera de este mundo. Otros han preferido engañarse en el convencimiento de que soy como ellos quieren que sea. Y es que necesitamos aferranos a nuestras fantasías, rellenar los huecos desconocidos con prejuicios, completar a la persona que existe detrás de la letra para ubicarlo en una clasificación sin sentido.

Me decepciona comprobar que las utopías nunca dejarán de serlo, me intoxica la gaseosa esencia que destila la falta de respeto, me desespera no comprender ninguno de los mundos que exploro.

Y sobre todo esto medito tras leer unas palabras tiznadas de sentencia aleccionadora. Axiomas irrefutables de hechos no comprobados que definen sin compasión una parte de este mundo que hemos creado. Me asustan las personas que no son capaces de asumir que pueden equivocarse, que catalogan cada detalle en apartados estancos.

Nada es lo que parece. Ni aquí ni afuera. No hay un único camino válido para llegar al mismo destino. Quizá ésta sea la más valiosa enseñanza que se ha incrustado en mi cabeza después de este tiempo. Enaltecer el beneficio de la duda, tan denostado como implacable.

En ocasiones desearía que la omnisciencia marcase el rumbo de mis pasos, pero no creo que sea alcanzable. Así que seguiré dando tumbos por ésta y otras esferas. Observando los peligros del camino sin la ceguera de la seguridad. Experimentando la percepción.

6 comentarios:

Azena dijo...

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¡qué más da cómo seas o cómo dejes de ser! deja que te resbale todo lo que no merezca la pena...

Isthar dijo...

Cuando me interesa conocer a alguien, es necesario ir más allá de las letras y poder descubrir a la persona.

Porque cuando escribimos somos una parte del todo, pero sólo una pequeña parte...

Los prejuicios, tanto los buenos como los malos, no dejan de ser prejuicios.

Wanda◦○ dijo...

Y a ti que te ha pasado ahora, si puede saberse ...

Miss Kubelik dijo...

Manzanas, orejas y ahora esto... Creo que he dejado pasar demasiado desde mi última visita... Un beso de oso amoroso. No vaya a creer usted que no le echo de menos (aunque sea usted como no sé que es :p)

Msc dijo...

... si le dijera...

... dijo...

Suena a decepción. Pero imagino que es una de las opciones que hay cuando uno espera encontrar algo, o se arriesga a esperar que las personas no destruyan lo que ellos mismos han creado. Me temo que este mundo no es distinto a otros, tiene todo lo bueno y lo malo de ellos. Saberlo, a pesar de que no siempre sirve, ayuda.