20 junio 2005

El café de casa de mis padres

[Me había prometido a mi mismo no incluir hechos objetivos en este blog, pero es que me dejo vencer muy a menudo por la tentación. Soy un vicioso, lo reconozco ;-)
Conste que la culpa de todo esto la tenéis todita vosotros. Que no dejáis de escribir esas deliciosas historias cotidianas y claro, ¡uno no es de piedra!]


Hace cinco años que tengo la santa y sana costumbre de comer los fines de semana en casa de mis padres. Vicisitudes de hijo modélico, ya sabéis...

Mi madre cocina con demasiada grasa, aceite de girasol (puaj!) y es compulsivamente recurrente con las recetas. Creo que en los últimos seis meses he tomado 'deliciosas fresitas bañadas en leche condensada' unas 50 veces. De hecho casi no recuerdo haber probado otro postre...

En la mesa siempre me preguntan por mis nuevas amigas y me deslizan indiscriminadamente encuentros casuales con viejas conocidas. Me hablan de lo guapa que está Pepita ahora que ha perdido esos kilitos de más, de la estupenda carrera profesional de Juanita como funcionaria interina (que no saben lo que es, pero que suena fenomenal) y de que a Jorgita le acaba de dejar el capullo de su novio con lo buena chica que es, fíjate tú (mamá, a las 55 años deberías comenzar a madurar, quizá el capullo de su novio la ha dejado precisamente por lo buena chica que es).

Lo siguiente es valorar mi aspecto físico. Por lo visto, no me cuido lo suficiente, he perdido muchísimos kilos y ya no me afeito tan a menudo como solía. Además mi vestuario es un asco y soy incapaz de renovarlo o rellenarlo. Estoy hecho un asquito, ¡ya te digo!

Rematan la faena recordándome que llevo cerca de dos años buscando trabajo en Zaragoza. Con lo listo y buen chico que soy, ¡hay qué ver cómo está la vida! Que no haya podido encontrar algo que me guste en taaanto tiempo (mi madre siempre pronuncia 'tanto' así). Que no me llamen para una mísera entrevista desde hace seis meses. Nej!

En ocasiones se mezcla alguna pequeña riña de carácter doméstico con mi madre. Se siente en la obligación de entrar a hurtadillas en mi casa durante la semana, mientras yo me deslomo en un trabajo esclavista en Barcelona, para hacerme la colada. Llevo años intentando hacerle ver que las coladas en Barcelona se hacen de la misma manera que en Zaragoza. Algo me habré perdido, porque para ella está claro que esto no es así.

Aunque todo eso no me importa demasiado. Es una rutina encantadora y no me cuesta ignorar reiteradamente sus consabidos comentarios. Les dejo disfrutar porque sé que les gusta y les da vida. Se diría que a veces soy capaz de ponerme el disfraz de un ser tolerante y compasivo.

Sin embargo, lo peor llega a la hora del café. Como son hipertensos (yo diría que también son algo hipocondríacos), sólo hay descafeinado. Y como el Mercadona es maravilloso en todas sus gamas y variedades de productos, el café es Hacendado. No sé si habéis probado este café en su modalidad requemada, pero para los que nos gusta el café es como tratar de engulllir engrudo en estado de ebullición.

Así que cada fin de semana, bebo tranquilo mi ración de engrudo y después tomo un café como está mandado en el bar de abajo antes de subir a mi casa. Sería fácil decirles que no me apetece tomar café, pero es que están tan orgullosos de lo que me ofrecen y lo realizan con tanto cariño, que la verdad... Les sentaría como una patada en la entrepierna que rechazase su preciado oro negro.

El camarero del bar ya me conoce y me sirve el café sin preguntar. Para él sigo siendo ese cliente que baja cada fin de semana a tomar su cafetito y fumar despacio un Lucky.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

El café del bar, el café de casa, el café del mercadona...

cuántas variantes y cuántos significados para un pequeño vicio.

sigue con estas historias de lo cotidiano...

... deberías visitar a Eride, sois familia y no lo sabéis.

*

Anónimo dijo...

ah, por cierto, gracias por el comentario.

Ante mi amenaza inicial, confieso que llevaba un plátano escondido en la chaqueta...
... lo dejo por aquí.

Alternativa a las fresas cansinas de siempre.

*

Pow dijo...

Muchas gracias por el plátano, carlos, se agradece cambiar de dieta de vez en cuando...

Le he echado un vistazo al mundo de Eride y me ha gustado lo que he visto. El fin de semana, con calma y paz, trataré de determinar nuestros lazos familiares.